Imaginemos un pequeño pueblo en el que comienza a circular el rumor de que existe un proyecto de creación de un área protegida en las cercanías. La falta de información precisa y la incertidumbre alimentan todo tipo de expectativas y prejuicios. Algunas nacen desde el temor o la desconfianza: “nos van a sacar a todos”, “no vamos a poder pescar más”, “va a venir gente de afuera a quedarse con todo” y otras se enfocan en las oportunidades: “vamos a tener más trabajo”, “la zona se valorizará por el turismo”. Este pueblo podría ser cualquiera, y la situación está lejos de ser una excepción.

Existen principalmente dos factores que contribuyen a que este escenario se repita. Por un lado, a pesar de las críticas que ha recibido, muchas veces se siguen implementando medidas de conservación con lógicas que reproducen el modelo “top-down”, lo que hace que las comunidades locales perciban a los proyectos como algo que se les impone o les llega “desde afuera” (Ferrero, 2014). Por otro lado, aún si la participación es abierta desde instancias tempranas, las poblaciones locales siempre ponen en juego sus percepciones e imaginarios acerca de lo que la conservación puede implicar en su vida cotidiana, los cuales pueden entrar en tensión con los intereses de otros actores impulsores de los proyectos.
Sin embargo, creemos que las tensiones que surgen en estas situaciones no son un obstáculo a superar, sino una oportunidad para construir procesos de conservación más inclusivos y efectivos. Aquí proponemos entender las tensiones y conflictos como motor de diálogo, transformación y generación de acuerdos que permitan resultados de conservación sostenibles.
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El conflicto como oportunidad
Las tensiones y conflictos son inherentes a los procesos de conservación, donde los distintos actores (por ejemplo, pobladores locales, instituciones públicas, ONGs) parten de intereses y visiones muchas veces contrapuestas. Sin embargo, desde las instituciones que impulsan la conservación, esto no siempre es entendido de esta manera: el conflicto, o bien es negado, o es visto como un obstáculo que debe ser superado para poder avanzar en los proyectos. Pensar en los conflictos como obstáculos ha llevado a que, en numerosas ocasiones, los procesos se realicen sin contemplar e involucrar de manera plena y efectiva a los actores afectados (Dawson 2024). En lugar de negarlo, proponemos reconocer el conflicto como una expresión de las dinámicas humanas, capaz de catalizar cambios sociales positivos.
Una propuesta para transformar los conflictos
Las ciencias sociales pueden aportar enfoques valiosos para comprender la complejidad de los contextos locales y acompañar procesos más inclusivos (Bennett et al., 2017). Proponemos cinco pasos fundamentales para abordar los conflictos de manera constructiva:
(1) Comprender el contexto sociocultural local: Los conflictos están profundamente ligados a relaciones de poder, valores culturales e historias territoriales (Lefebvre 2013; Escobar 2015; Martínez Alier 2008; Porto Goncalves 2001). Es esperable que en las comunidades involucradas existan tensiones que preceden al proyecto de conservación y que posiblemente encuentren en su desarrollo un nuevo espacio para manifestarse. Métodos y técnicas como la etnografía, la historia oral y las entrevistas en profundidad permiten entender cómo las comunidades se relacionan con su entorno, qué las motiva y cómo gestionan sus recursos (Benett et al, 2017). Este conocimiento es esencial para diseñar estrategias de conservación sensibles a cada realidad. Dado que la etnografía está menos explorada como una herramienta en el ámbito de la conservación recomendamos la lectura del artículo de Sayan Banerjee publicado en este mismo blog y el libro titulado “La Etnografía: Método, campo y reflexividad” de Rosana Guber (2019) como material de referencia general.
(2) Mapear a los actores clave: Un mapeo efectivo identifica a quiénes tienen vinculación con los objetivos del proyecto y que revela sus roles, intereses, relaciones y visiones de futuro. Esta herramienta es más que un simple listado, ilumina las dinámicas sociales, políticas y económicas que configuran el espacio y permite diseñar estrategias de gestión más ajustadas. Recomendamos explorar la propuesta metodológica realizada por Esteban Tapella (2023), para mayor detalle ver el siguiente link.
Tanto este paso como el anterior sientan las bases de todo el proceso, por lo que es necesario que se le otorgue el tiempo y los recursos necesarios para llevarlos a cabo.
(3) Fomentar instancias de diálogo: Con base en el contexto y el mapeo, se deben crear espacios participativos que promuevan la escucha mutua y permitan identificar y comprender las aspiraciones, necesidades y oportunidades percibidas por las comunidades locales. Esto es clave para lograr la apropiación por parte de las comunidades locales de los proyectos de conservación, y que estos reflejen sus necesidades, aspiraciones y oportunidades. Una participación real, comprometida y desde los inicios del proyecto permite prevenir conflictos posteriores, resistencias e incumplimientos de normas que terminan por convertir a las áreas protegidas en “parques de papel1” (Abbott Jiménez 2025).
(4) Construir una visión común y generar acuerdos: Los diálogos deben conducir a acuerdos que contemplen las necesidades de los actores afectados, especialmente de aquellos más vulnerables. Estos acuerdos deben ser claros y explícitos en lo que se espera de cada actor, garantizar una distribución equitativa de los riesgos y beneficios e incorporar mecanismos de seguimiento para su cumplimiento. Una visión compartida, que integre las perspectivas comunitarias y las incluya de manera activa en la conservación, fortalece la legitimidad del proyecto y aumenta sus posibilidades de consolidarse en el tiempo. En el trabajo de van de Water et al (2023) se puede observar cómo está estrategia permitió integrar diversas perspectivas de las comunidades que vivían dentro y en las inmediaciones de una reserva, identificando puntos en común y diferencias, lo que permitió vincular la conservación con el desarrollo socioeconómico. Por su parte, el manual Decidir juntos para gestionar mejor, elaborado por García Fernández-Velilla et al. (2011), ofrece una guía práctica que puede ser tomada como referencia para este proceso.
(5) Acompañar el cambio a través de mecanismos de monitoreo y participación continua: Los conflictos no se resuelven de manera definitiva, sino que evolucionan, adoptando formas más o menos productivas. Es por ello que resulta clave instalar mecanismos de participación permanente que permitan monitorear la implementación de los acuerdos alcanzados y acompañar las transformaciones que surjan con el tiempo. Las figuras de gobernanza dependen de cada contexto en particular. Dawson et al 2024, ofrece una caracterización y ejemplos de distintos grados de involucramiento de las comunidades locales en los proyectos de conservación que pueden ser tomado como guía.
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Existen numerosos manuales que se pueden consultar como guía para aplicar estos principios. Recomendamos La Comunicación, Educación, y Conciencia Pública (CEPA) de Hesselink et al. (2007) y Managing Conflicts in Protected Areas (1996) editado por UICN. Sin embargo, creemos que es necesario desarrollar estrategias particulares para cada contexto y que las organizaciones que impulsan los proyectos de conservación se apoyen en especialistas.
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Desafíos y aprendizajes desde el territorio
En la práctica, quienes trabajamos en conservación nos encontramos con desafíos como la falta de tiempo, de recursos y de financiamiento suficiente para llevar adelante procesos como los descritos anteriormente. Esto va configurando una “mentalidad de escasez” (Thornton et al, 2025) que no contribuye a establecer colaboraciones profundas y a largo plazo. A la vez, muchas veces se construye cierto temor a que las instancias participativas puedan poner en riesgo el desarrollo de proyectos. Sin embargo, cuando estas limitaciones se superan, los procesos se ven fortalecidos.
Entre 2022 y 2023, participamos como consultoras2 en la elaboración del plan de manejo del ANP Islas y Canales Verdes del Río Uruguay3 en Entre Ríos, Argentina (Ayarragaray, 2023). Expresiones como las que mencionamos al principio son las que nos dieron la bienvenida al territorio. A lo largo de casi un año de trabajo, realizamos un análisis sociocultural exhaustivo, combinando revisiones bibliográficas, etnografía, entrevistas y talleres participativos que convocaron a más de 100 personas. Este proceso permitió mapear las complejas relaciones y disputas en el territorio, identificar actores claves y construir una visión común para el parque. Aunque no eliminó los conflictos, el plan de manejo resultante se convirtió en una hoja de ruta para el diálogo continuo, necesario para una conservación más inclusiva y efectiva.
Reconocer el conflicto como parte de los procesos de conservación no solo es necesario, sino transformador. Al integrar herramientas de las ciencias sociales para comprender los contextos y priorizar la participación, podemos lograr que las comunidades se apropien de los procesos de conservación, aún en los casos en los que hayan surgido de una iniciativa top-down. Si como promotores de este tipo de proyectos no buscamos acercarnos a lo que otros actores piensan de nuestra labor, y por el contrario, evitamos “abrir la puerta” a su participación, seguiremos reforzando un imaginario en el que las necesidades de la conservación y las necesidades de las personas marchan por caminos separados. Esperamos que este artículo sea una invitación a nuestros colegas a reconocer la naturaleza política de la conservación y los conflictos inherentes a nuestra tarea, con el fin de promover que las instituciones que financian este tipo de proyectos acompañen también a los procesos participativos desde un inicio.
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Sobre las autoras:
Diana Victoria González, es Licenciada en Antropología por la Universidad Nacional de La Plata y Doctora en Estudios Sociales Agrarios por la Universidad Nacional de Córdoba. Ha participado en equipos de trabajo de investigación, extensión e intervención abordando temas de interculturalidad, salud comunitaria, educación popular y conflictos ambientales. Desde 2023 se desempeña como Coordinadora de Derechos y Comunidades en WCS Argentina.
Eloisa García Añino, es Licenciada en Antropología y Doctora en Ciencias Naturales con mención en Antropología por la Universidad Nacional de La Plata. Formó parte de equipos de investigación interdisciplinarios y proyectos de extensión relacionados con el patrimonio cultural, la aplicación de tecnología en salud y Derechos Humanos. Es docente de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y desde 2022 trabaja como consultora en diferentes iniciativas públicas y privadas, en el rol de especialista en diagnóstico sociocultural y consultas participativas.
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Referencias:
Ayarragaray Tabuenca, M. (2023). Plan de Manejo del ANP Islas y Canales Verdes del río Uruguay. Dirección de Áreas Naturales Protegidas. Gobierno de Entre Ríos. Recuperado de: https://drive.google.com/file/d/1BoLYWEp5xVMKWYaXNmXZEfer7w2FDEw0/view
Ayarragaray Tabuenca, M.; Funes, M.; Krapovickas, S.; Vila, A.; Lemoine, F.; Méndez, M.C; Palacio, M.C; Correa, L.; González, D.V.; García Añino, E.; Caracotche, S.; L. Gareis.; Becker, R. & M. Gonzalez Roglich. (2023). Experiencias de planificación participativa durante el desarrollo del Plan de Manejo del ANP Islas y Canales Verdes del río Uruguay. Presentado en VII Congreso Nacional de Áreas Naturales Protegidas de Uruguay. Del 14 al 18 de agosto 2023. Montevideo, Uruguay. Recuperado de: https://www.gub.uy/ministerio-ambiente/VII-Congreso-Nacional-Areas-Protegidas
Abbott Jiménez, M. (2025). Hacer visible lo invisible para mejorar la gobernabilidad de las Reservas Marinas de Interés Pesquero: el caso de Cabo Roche (Andalucía). Revista de Antropología Social 34 (1), 73-90. https://dx.doi.org/10.5209/raso.101939.
Bennett, N.J.; R. Roth, S. C. Klain, K. Chan, P. Christie, D. A. Clark, G. Cullman, D. Curran, T. J. Durbin, G. Epstein, A. Greenberg, M. P Nelson, J. Sandlos, R. Stedman, T. L Teel, R. Thomas, D. Veríssimo, C. Wyborn, (2017). Conservation social science: Understanding and integrating human dimensions to improve conservation. Biological conservation, 205, 93-108.
Dawson, N. M., Coolsaet, B., Bhardwaj, A., Booker, F., Brown, D., Lliso, B.,Loos J., Martin A., Oliva M., Pascual U., Psang S. & Worsdell, T. (2024). Is it just conservation? A typology of Indigenous peoples’ and local communities’ roles in conserving biodiversity. One Earth.
Escobar, A. (2015). Territorios de diferencia: la ontología política de los “derechos al territorio”. Cuadernos De antropología Social, (41), 25-37. https://doi.org/10.34096/cas.i41.1594
Ferrero, Brián G.. (2014). Conservación y comunidades: una introducción. Avá, (24), 00. Recuperado en 10 de septiembre de 2025, de https://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-16942014000100001&lng=es&tlng=es.
García Fernández-Velilla, S., JIMÉNEZ LUQUIN, A., & ALFONSO SEMINARIO, C. (2011). Decidir juntos para gestionar mejor. Manual de planificación participativa en áreas protegidas. Centro de Publicaciones del Gobierno Vasco
Gonçalves, C. W. P. (2001). Geo-grafías: movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad. Siglo XXI.
Lefebvre, H. (2013) La producción del espacio. Ed. Capitan Swing. Madrid.
Martínez Alier, Joan. (2008) Conflictos ecológicos y lenguajes de valoración. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, vol. 26: 24-34. Universidad de Antioquia Medellín, Colombia
Tapella, E. (2023) El mapeo de Actores Claves. Una herramienta al servicio de la evaluación participativa. Documento de trabajo EvalParticipativa. Disponible en: https://evalparticipativa.net/wp-content/uploads/2023/06/EP-y-mapeo-de-actores-final-1.pdf
Thornton, S. A., Freeman, W., Jupe, L. L., Newth, J. L., Reeves, J. P., Wood, K. A., & Woroniecki, S. (2025). Challenges and opportunities for integrating social science in a conservation non governmental organization. Conservation Biology, 39, e70002. https://doi.org/10.1111/cobi.70002
van de Water, A., Doornwaard, S., Sluiter, L., Henley, M., Sutherland, C., & Slotow, R. (2023). Resolving Conservation Conflicts through Shared Vision, Collective Benefits and Relevant Values. Diversity, 15(10), 1041. https://doi.org/10.3390/d15101041
West, P., Igoe, J., & Brockington, D. (2006). Parks and peoples: The social impact of protected areas. Annual Review of Anthropology, 35, 251-277.
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Pie de página:
1 Los parques de papel son aquellas áreas naturales protegidas que existen sólo en términos legales, pero que en la realidad no consiguen lograr los propósitos para los que fueron creadas. Ver discusión en Abbott Jiménez 2025.
2 La Dra. Luisina Gareis y la Lic. Soledad Caracotche, además de quienes firman, formaron parte del grupo consultor encargado de los aspectos socioculturales y el involucramiento de la comunidad local en los procesos participativos.
3 Su creación fue el resultado de un trabajo conjunto entre la Dirección General de Ordenamiento Territorial, Áreas Protegidas y Biodiversidad de la provincia de Entre Ríos, el municipio y la comunidad de Colonia Elía; y de las organizaciones WCS Argentina, Banco de Bosques y AMBÁ de Uruguay, con financiamiento de la Fundación Butler Conservation Inc.